miércoles, 22 de diciembre de 2010

El túnel


Justo al doblar la curva del hotel abandonado, enfila la larga recta. A vista de pájaro, la carretera parece una negra cremallera en medio del desierto. Excepto el motorista, nadie más circula. A lo lejos, a una distancia imprecisa, está la montaña. Única, solitaria, mastodóntica y -para los nativos de aquel país bárbaro y supersticioso- sagrada. Dicen que su grosor es mayor que antes, más prominente su cumbre, como si evolucionara igual que un animal vivo, aumentando año tras año, siglo a siglo, el volumen de su panza. Pero insensible a las leyendas, deponiendo las atávicas creencias de los nativos, el motorista emboca la entrada del túnel que lo cruza, hasta que abrupta, irremediablemente, lo gana el vértigo de lo insólito: cual conducto palpitante, las paredes del túnel se estrechan, se agitan ruidosamente, y, contra toda lógica, excretan cantidades ingentes y sebosas de jugos gástricos.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Caperucita en 140 caracteres


Estos son los micros que envié al concurso Caperucita en 140 caracteres, organizado por la revista Cuentosymás.ar. No tuve suerte y el premio fue a parar a manos de otro. ¡Qué se le va a hacer! AUUUUUUUUU


Bosque incendiado. Stop. Caperucita y lobo quemados. Stop. Abuela pirómana detenida. Stop. Aplazado cuento hasta celebración juicio. Stop.

Fui al baile de disfraces vestida de Caperucita. Los jóvenes lobitos aullaron de placer. Al más atractivo le hice morder mi lindo cuerpo.

Soñé que no hallaba la casa de mi abuelita y me perdía en un bosque de nieblas. Cuando desperté, el hombre lobo olisqueaba mi entrepierna.

Murieron los lobos. Pasaron los años. Ardieron los bosques. Se extinguió la especie humana. Entonces Dios creó un paraíso lleno de Caperucitas.

Cuando apago la luz de mi cuarto, veo claramente los ojos inyectados de sangre del lobo que me defiende de mis pesadillas con Caperucita.

Soñé que una niña con capa roja y su abuelita enferma me comían. Desperté sobresaltado. Para calmarme, salí de la guarida y aullé un rato.

martes, 7 de diciembre de 2010

BIOGRAFÍA-AUTO-MICRO



                                
Fallecí y luego me jubilé. Me divorcié y luego me casé. Tuve tres nietos y luego nació mi hijo. Me escayolaron un brazo y luego me lo partí. A los catorce años me gradué y luego aprendí a leer y a escribir. Finalmente nací.

lunes, 6 de diciembre de 2010

¿El día más feliz de mi vida?



A mí me empiezan a entrar dudas minutos antes de acudir a la iglesia. Los zapatos de puntera estrecha me molestan. El peinado de rodete no me sienta. El vestido blanco de cachemir es demasiado ligero. Me miro y me remiro en el espejo y no. Definitivamente no, no estoy nada contenta. Mi madre trata de animarme. Dice que son los nervios.
En la iglesia, a punto estoy de desmayarme. Mi novio me espera en el altar, expectante. A mi padre se le escapa una lágrima de emoción. El cura comienza la ceremonia. Mi novio dice que sí. Yo digo que no.


lunes, 22 de noviembre de 2010

Micro en Buenos Aires

La revista digital argentina Cuentos y más me publica un micro: "Vendedor de libros". Como es cortito, os lo copio:



En cierta ocasión un vendedor de Biblias me regaló El libro de arena, de J. L. Borges
                                   El vendedor de Biblias me dijo:
                                  -El número de páginas de este libro es exactamente infinito. Ninguna es la primera; ninguna, la última.
                                   Luego, soltó una oscura carcajada, y como por ensalmo, desapareció de mi vista sin darme tiempo a decirle que, por desgracia, yo no sé leer.


Si queréis verlo en la web de la revista, tenéis que buscarlo en este enlace: http://www.cuentosymas.com.ar/

domingo, 21 de noviembre de 2010

El sueño


En el sueño, me persigue implacablemente una horda de homúnculos abisales, difíciles de describir. Otras veces he logrado despertarme antes de ser atrapado por las garras pringadas de fiemo de tan extrañas criaturas. Por desgracia, esta vez las aberrantes pelágicas figuras oníricas me han dado caza.
Estremecido por el asco y el miedo, casi ni respiro, y apenas me muevo del sitio.
Conforme las bestias me cercan, cierro los ojos. De repente, siento un fragor de mordiscos en las tripas y un desgarro tirante en la parte posterior del cráneo. No me revuelvo ni lloro de dolor.
Finalmente despierto de golpe, pero, al pronto, no consigo familiarizarme con lo que veo: un cascajo blanco y roído. Lo que queda de mi esqueleto.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Luna llena


Otra vez ha vuelto a ocurrir. Otra vez se me ha hecho tarde y la noche me ha sorprendido solo, en medio del bosque. Debo caminar deprisa, pero con cuidado de no perderme. Sé que los mayores se cuentan historias escalofriantes ocurridas en estos inhóspitos parajes. Historias que no quieren que los pequeños sepamos, para no asustarnos. Pero yo soy un niño valiente y no le tengo miedo a la oscuridad. Además, por suerte, hoy hay luna llena y es más fácil seguir el camino de vuelta.
            Lo malo, sin embargo, es el castigo que me espera por no llegar a mi hora. Y que otra vez no sabré explicarles a mis padres por qué regreso tan despeinado, con la ropa hecha jirones y las manos y la boca totalmente ensangrentadas.