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viernes, 7 de junio de 2013

Despojos de REC


                                                                  (Foto: Elena Leiva)


Durante un tiempo, no muy lejano, estuve coqueteando con la idea que expuso Millás en una de sus novelas sobre un curioso tipo de escritor que, en contra de lo que se pudiera pensar, es más abundante de lo que parece. Para bien y para mal. Decía en ella, en la novela, que el escritor más puro es aquel que no escribe una sola línea en toda su vida, para no darse la oportunidad de fracasar en aquello que más se juega uno. Para qué escribir, venía a decir allí, si nada nos va a salvar de la obra mal hecha, de aquello que, se mire como se mire, arrostrará un punto de imperfección que a ninguno, a escritor y a lector, nunca dejará del todo satisfecho. Que fracasen otros, pues. Que fracasen quienes, a la hora de escribir, adoptan precisamente el papel de escritores… impuros. De ahí que no haya sido insólito que algunos de los mejores escritores de nuestra tradición literaria extremaran hasta el paroxismo toda clase de precauciones sobre su propia obra, unos negándola, otros corrigiéndola una y otra vez, en busca de un ideal de perfección agotador e inalcanzable, y, en fin, otros más aspirando a ver arder en las llamas su obra entera, reducida a cenizas en una purificadora hoguera. Borges, JRJ y Kafka serían algunos de estos no sé si ejemplares ejemplos.

Escribir es contar una verdad encubierta por muchas mentiras. Pero aunque aceptamos las mentiras, qué difícil se nos hace vivir entre ellas. Tal vez por eso el escritor, más que cualquier otro artista, desconfía de su propio trabajo y obra. Nunca sabe a ciencia cierta si aquello que sale de sus manos (novela, relato, poesía, microrrelato, etcétera) tendrá el efecto verdadero que quiso darle, si es que quiso darle alguno.

Hoy, muchos años después de haber leído aquella novela de Millás en la que modelaba el perfil del escritor más puro, sigo coqueteando con la idea de no escribir, pese a haber escrito ya un libro (Imaginarium) y mantener un blog (http://odadrek.blogspot.com.es/).

(En el facebook https://www.facebook.com/DespojosDelRec se publica hoy esta semblanza junto con el micro que quedó despojado hace unos meses en Relatos en Cadena)

 

jueves, 7 de febrero de 2013

Seis dedos




(Imagen: Julia Taits)
 
 

Lleva horas durmiendo en su cunita como un ángel, pero nada me gustaría más que cogerle su manita de seis dedos, igual que la mía, y explicarle que no es verdad lo que le dicen sus padres todas las noches acerca de que no hay ningún monstruo viviendo en su cuarto.
 
 
Pincha Aquí para oír la lectura de mi microrrelato y de los otros dos finalistas de esta semana.

miércoles, 21 de marzo de 2012

Los hunos y los hotros



Aquella tarde, papá, regresó a la tumba entristecido. No tenía muchas ganas de hablar, pero hizo de tripas corazón y reunió a todos los hombres del pueblo. Con la cabeza gacha, dándole vueltas a la boina que sostenía en las manos, tartamudeó un breve parlamento. Al acabar, se hizo un silencio espeso. Todos los hombres miraban al suelo, cabizbajos. Después de más de cuarenta años, no esperaban una sentencia así. ¿Para qué, entonces, el cambio de régimen? Uno a uno volvimos al interior de la fosa. Mi padre y yo nos colocamos bocabajo sobre aquel revoltijo de polvorientos cuerpos.

miércoles, 14 de marzo de 2012

La edad de la inocencia


-Y además nos hace daño en los dientes y en la barriga –le digo a mi hermana pequeña, repitiendo las palabras que siempre nos dice mamá. Luego le quito la bolsa de golosinas que nos ha regalado el tío Alberto y la guardo en una caja, para cuando seamos más mayores. Mamá dice que las chuches son muy malas. El tío Alberto nos quiere mucho y también quiere mucho a mamá. Cuando ella se va a la cocina, él nos da muchos besos y nos hace caricias. Pero también a mamá le da muchos besos y le hace caricias en el dormitorio de papá.

sábado, 7 de enero de 2012

Algo


La última alma humana acudió de noche al colegio abandonado. Con una pequeña linterna alumbró los pasillos y las aulas desiertas. De pronto creyó escuchar algo. Sintió miedo. Apretó el paso. Se dirigió entonces al laboratorio de ciencias. Allí descubrió un esqueleto humano al que le faltaba una tibia y varios huesos de las dos manos. Luego, con inquietud, apuntó la linterna sobre una hilera de botes con muestras de seres deformes, y nuevamente creyó escuchar algo. Se tensó. Quiso girarse. Pero entonces cayó al suelo como una muñeca de trapo, y perdió la conciencia… sin saber qué extraña criatura la había golpeado.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Las sombras


Por fin quietas. Pero el hombre y la mujer que esperan el autobús aún siguen estupefactos después de ver copular a sus sombras.


Pincha Aquí para oír el micro, los comentarios y las votaciones de esta mañana.
(No pudo ser. Me quedé también estupefacto, por el resultado. Pero qué se le va a hacer. Seguiré intentándolo, a ver si los hados se ponen de mi parte)

miércoles, 11 de mayo de 2011

El jefe



Toca jotas cuando celebramos alguna fiesta y se emborracha. Pero antes, cuenta sus chistes machistas, las batallitas de su mili en Ceuta y la crónica de aquella vez que fue de caza con el Generalísimo. Todos, como dóciles conejillos de india, reímos sus gracias: Sarabia, el jefe de personal; Villar, el contable; Satrústegui, la relaciones públicas; amén de todas las secretarias a las que habitualmente les toca el culo. En la empresa lo detestan. Si resisten es por lo bien que paga. A mí me regala joyas, viajes, pieles… lo normal en un buen esposo.

miércoles, 13 de abril de 2011

El primer beso


Un apuesto joven al que besó en los labios con dulzura la trasladó en un instante al mundo de cuando era niña y soñaba con príncipes azules y castillos de cuento. Ese beso era su primer beso, y sabía a caramelo de menta, a espuma de cielo, a maravilla de ensueño. Con los ojos cerrados, como un animalito sin voluntad, se dejó llevar. No quiso pensar, ni discurrir, ni razonar. Sólo sentir. Sentir su temblor, su espasmo por dentro y las sacudidas de su cuerpo vibrando de bienestar… Entonces, de repente, notó una aspereza, como una leve hosquedad. Abrió los ojos despacio, y horrorizada, en lugar de gritar sólo pudo croar.

miércoles, 23 de marzo de 2011

En el centro de la red


A mi mujer no le gusta que le fastidie sus estrategias. Se pone furiosa, se sube por las paredes o se ovilla sobre sí misma para no verme. A veces, incluso se esconde debajo de la cama o se mete en el armario del dormitorio y se queda allí dentro, enfurruñada, horas y horas. Nuestras hijas, no soportan sus malos humores, y en cuanto crezcan se irán de casa. Yo, en cambio, tengo que cuidarme muy mucho de no contrariarla, y si me pide que le atrape una mosca, voy rápidamente hasta la terraza y con parsimonia tejo una red preciosa. Y luego espero, espero. Pacientemente. Como muerto. En el centro.

jueves, 17 de marzo de 2011

Año 3978


Totalmente desnudos huyeron en desbandada al interior de la selva. A caballo, sus perseguidores capturaron a los más viejos y a los heridos. Por suerte, las piezas más valiosas (niños, jóvenes y mujeres) lograron ponerse a salvo. Últimamente, el ritmo de capturas estaba siendo muy alto. Del primitivo grupo quedaban libres no más de trescientos. El problema era que ninguno sabía cómo defenderse de esas batalladoras hordas de bárbaros, que los cazaban con lazos, con redes y hasta con perros. Aquellos temibles simios habían evolucionado tanto que, si no lo remediaba un milagro, pronto acabarían con todos los seres humanos.

jueves, 10 de marzo de 2011

Casi perfecto


Con este amargor tan extraño que destila nuestro hijo Mario, ya no hay quien pueda. Su madre y yo lo hemos intentado todo. Pero unas veces por un motivo, y otras por otro, no hace falta siquiera que abra la boca para expresarnos calladamente que nos detesta. Últimamente, como una mala cosa que lo apresara de pronto, se encierra en su cuarto para no vernos. Está claro que algo grave aguijonea su débil disposición de ánimo. Tal vez la culpa es nuestra, por sobreprotegerlo. Pero si no fuera por eso, y porque está a punto de cumplir cincuenta años, sería un hijo modélico, casi perfecto.

lunes, 28 de febrero de 2011

Cumpleaños


Cada lunes iré colgando algunos de los micros que envío al ReC. Esta semana he mandado tres. No estoy satisfecho de ninguno. Creo que los podía haber mejorado, pero las prisas no me dejaron seguir el consejo del padre de Borges a Borges.


-¿Por qué me mira así? Fíjese bien, no falta ningún detalle: serpentinas de colores, globos, cajitas de dulce, una piñata, una tarta de chocolate con nueces y las cincuenta y cinco velas. El servicio de catering ya está contratado; servirán un bufé para unos diez invitados. En cuanto a los regalos, me he tomado la molestia de comprárselos yo mismo y de colocarlos en el living. Creo, señor, que va a ser una fiesta de cumpleaños inolvidable. Por su mujer, sus cuatro hijos y los tres amigos de la infancia no se preocupe. Esta mañana, en la agencia, me los han alquilado sin ningún problema.

miércoles, 9 de febrero de 2011

Finalista de Relatos en cadena, en la SER



Yuuppi, esta semana lo he conseguido. Después de unos cuantos intentos han seleccionado mi relato "Una película de las de antes" para la final de esta semana en el concurso de micros de la Ser. Mañana, a las 10.30 de la mañana, en el programa de radio Hoy por hoy, de Carles Francino, leerán el micro y saldré por antena. Ya me comen los nervios... Deseadme suerte, y a ver qué pasa.

UNA PELÍCULA DE LAS DE ANTES

-Le cobran en aquella fila de la izquierda, si no le importa.
Obediente, el señor García se pone en la cola. En el carrito lleva un secador de pelo, unas tijeras y un set completo de maquillaje de señora. Mientras espera, hace memoria. Le falta el conjunto de bragas y sujetador negros, más unas medias térmicas a juego. Este invierno está siendo muy frío. Tal vez debería comprar también una toquilla de lana o una bufanda. En fin, ya verá. Ahora, lo primero es ir a su casa, sacar el cadáver de su madre de la despensa y maquillarla. Esta noche, después de cenar, verán juntos una película de las de antes.

lunes, 6 de diciembre de 2010

¿El día más feliz de mi vida?



A mí me empiezan a entrar dudas minutos antes de acudir a la iglesia. Los zapatos de puntera estrecha me molestan. El peinado de rodete no me sienta. El vestido blanco de cachemir es demasiado ligero. Me miro y me remiro en el espejo y no. Definitivamente no, no estoy nada contenta. Mi madre trata de animarme. Dice que son los nervios.
En la iglesia, a punto estoy de desmayarme. Mi novio me espera en el altar, expectante. A mi padre se le escapa una lágrima de emoción. El cura comienza la ceremonia. Mi novio dice que sí. Yo digo que no.