viernes, 18 de febrero de 2011

Sensibilidad extrema

A veces, mi hermana gemela y yo intercambiamos nuestros trabajos. Ella se pone mi toga negra y yo me visto de enfermera. La gente nunca nos distingue, ni siquiera nuestros maridos, aunque en el fondo somos muy diferentes. Ella, por ejemplo, detesta las mandarinas, y a mí, en cambio, me chiflan. Tampoco le gustan los museos ni las campanas de las iglesias. Mi temperamento es frágil y melancólico, de vuelo sensible y quebradizo; y el de mi hermana es hosco, duro como una columna de piedra. Por eso cuando llega el vencimiento de una demanda que tengo que resolver con extrema dureza, no dudo en llamarla para que se enfunde mi toga y vaya corriendo a la audiencia. A diferencia de mí, ella no siente ninguna pena de los acusados a los que condeno. Ni sufre cuando les lee mis funestas, dolorosas sentencias.
(Este micro fue finalista del III concurso de microrrelatos sobre abogados, en el mes de diciembre de 2010)

martes, 15 de febrero de 2011

miércoles, 9 de febrero de 2011

Finalista de Relatos en cadena, en la SER



Yuuppi, esta semana lo he conseguido. Después de unos cuantos intentos han seleccionado mi relato "Una película de las de antes" para la final de esta semana en el concurso de micros de la Ser. Mañana, a las 10.30 de la mañana, en el programa de radio Hoy por hoy, de Carles Francino, leerán el micro y saldré por antena. Ya me comen los nervios... Deseadme suerte, y a ver qué pasa.

UNA PELÍCULA DE LAS DE ANTES

-Le cobran en aquella fila de la izquierda, si no le importa.
Obediente, el señor García se pone en la cola. En el carrito lleva un secador de pelo, unas tijeras y un set completo de maquillaje de señora. Mientras espera, hace memoria. Le falta el conjunto de bragas y sujetador negros, más unas medias térmicas a juego. Este invierno está siendo muy frío. Tal vez debería comprar también una toquilla de lana o una bufanda. En fin, ya verá. Ahora, lo primero es ir a su casa, sacar el cadáver de su madre de la despensa y maquillarla. Esta noche, después de cenar, verán juntos una película de las de antes.

martes, 8 de febrero de 2011

Perplejidad

En un periódico leo un anuncio por palabras que me deja perplejo. Alguien ofrece cambiar una pulga amaestrada por una gallina políglota. No sabía que existieran pulgas amaestradas, y quiero pensar que se trata sólo de una broma, aunque por si acaso no le he dicho nada a la Sra. Krugger, mi gallina políglota.  

lunes, 31 de enero de 2011

Anuncios por palabras

De vez en cuando coloco en los periódicos falsos anuncios por palabras. Lo lógico sería que, dado el cariz surrealista, o peregrino, o incluso estrafalario que tienen los anuncios, nadie en su sano juicio mostrara interés por ellos. Pues no. Casi siempre, al cabo de unas horas, alguien me telefonea. Hoy, sin ir más lejos, he contestado ya a tres llamadas interesándose por el anuncio que dice: “Cambio pulga amaestrada por gallina políglota”.

lunes, 24 de enero de 2011

Arbor infelix (la cruz)


Tras ser apaleado con la fusta de castigo, soy conducido al suplicio con los brazos atados a un travesaño horizontal que yo mismo transporto sobre mis propios hombros. Desasistido de los númenes protectores, no imploro perdón por mi cobarde ultraje, sino un ápice de piedad, una aceleración del martirio, que el estigma insoportable de la inmolación no dure varios días. La tensión de mis músculos pectorales y abdominales dificulta mi respiración, pero los verdugos son refractarios a aligerar mi tormento, y tendiéndome en tierra sobre el palo que he traído, hincan los clavos de hierro en medio de los tendones de mis muñecas y de mis pies. Hostigado por el escozor, la fatiga y el escarnecimiento, a punto estoy de desmayarme. En mi forzada postura, erguido sobre el madero vertical, ladeo la cabeza. No quiero mirar. El dolor, huelga decirlo, es espantoso, diabólicamente calculado para que en lenta agonía me derrote el cansancio. Pero es justo ahora, aquí, en este momento, cuando recobro totalmente la conciencia, desentumezco mis miembros y abro los ojos de par en par: una vez más he apostado mi vida con el sueño y he ganado, in extremis, la partida.

domingo, 16 de enero de 2011

La mano



Los dedos afilados, las uñas pintadas de rojo sangre y la palma de la mano con su laberinto de líneas cruzadas en las que aparece escrito con nitidez que su inminente destino es ser -inexorablemente- mi próxima víctima.